El papel fundamental del sector agrícola
La soja: pujante motor de la economía del Paraguay
La biotecnología
Ciencia y producción para mejorar la calidad de vida
La transgénesis
La tecnología que cambió de raíz la producción agrícola
La biotecnología en Paraguay
Germina un nuevo enfoque de la agricultura
Siembra directa
La técnica que superó al arado y la labranza
Semillería
La meta: cantidad y calidad
Fertilizantes
Para enriquecer el suelo
Un insumo fundamental para el productor
Los agroquímicos son cada vez más inocuos
Agricultura orgánica
Una vía para el desarrollo sostenible
Diversificación de la oferta agrícola
Un mundo de posibilidades
Diversificación de la oferta agrícola
Un mundo de posibilidades
El papel del Estado
Un aliado estratégico
Programa de Integración Productiva
Más producción, mejor vida
Agricultura de precisión
Las semillas y los satélites
La agricultura, palanca de desarrollo
Brota y crece una nueva economía
El rol de la banca
El sector financiero al servicio de la producción
La dinámica agrícola está gestando un país diferente
Los desafíos de una sociedad en transformación
Comercio exterior y las oportunidades de Paraguay
A la conquista del mundo
Dos sectores muy competitivos
Sostén de la industria cárnica y de lácteos
Obras de alto nivel
Puertos, estructuras claves
Del campo y la cosecha a la fábrica
La apuesta al futuro tiene nombre: la agroindustria
Hacia una formación técnica de calidad
Una nueva economía exige nuevos profesionales

 

 

 

El papel fundamental del sector agrícola
La soja: pujante motor de la economía del Paraguay

Aunque quede mucho por hacer todavía para mejorar y superar los niveles de producción y exportación e ingresos de riqueza deseables para beneficio de todos, sobre todo en lo que se refiere a la puesta en marcha de una política de Estado más eficiente y con una visión de futuro que acompañe a todas las oportunidades que se están abriendo a nuestro país, es indiscutible que la soja ha dado un fuerte impulso a la economía y trajo el crecimiento al Paraguay, como ya lo hemos visto en las páginas que precedieron a esta parte del libro y como también continuaremos verificando en las que siguen.

La demanda de este producto en el mundo, y en particular en las potencias mundiales emergentes como China e India, ha colocado al Paraguay y a la riqueza de su tierra en una posición desde todo punto de vista privilegiada. Paraguay ya no es más una isla rodeada de incógnitas, ya no es más un actor solitario alejado de un mundo de oportunidades, por el contrario es tierra fértil para las grandes ideas y los grandes emprendimientos en un contexto regional en el cual nuestro país gana cada vez más protagonismo, porque el mundo sigue su ritmo y necesita cada vez más alimentos… y Paraguay tiene todo el potencial para producirlos y entregarlos con la mejor calidad.

Paraguay alimenta al mundo, ya no es un mero slogan publicitario; es un hecho, porque el sector productivo apostó al futuro, no permaneció de brazos cruzados esperando a que la dicha cayera del cielo, puso manos a la obra y con visión progresista abrazó las más novedosas herramientas y adoptó las técnicas más revolucionarias, que hoy por hoy, y porque estamos viendo los frutos, no han hecho más que contribuir en un mejoramiento sostenido. Pero no todo es como un sueño, como todo emprendimiento los obstáculos aparecen en el camino y reclaman soluciones, desde la problemática social largamente postergada hasta la falta de legislaciones que aporten políticas más eficientes para el desarrollo de un sector que ha demostrado que con trabajo y compromiso el futuro está a la vuelta de la esquina.

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La biotecnología
Ciencia y producción para mejorar la calidad de vida

Pensar hoy en agricultura sin biotecnología sería casi como imaginar la vida cotidiana sin electricidad: no hay manera de volver la página atrás sin que eso implique un retroceso al oscurantismo. En cambio, desde su aplicación en Paraguay los avances que se han dado en el sector productivo cantan sus éxitos con números de alta resonancia.

Paraguay, ciertamente, está lejos aún de aportar al mundo conocimientos en materia de investigación científica y desarrollo de estas técnicas, pero sí es un país que importa y aplica estas herramientas al sector productivo con resultados altamente positivos para el país. Los niveles de producción con cosechas en toneladas antes impensables y en tiempo récord, en comparación con los sistemas tradicionales, sumados a otros beneficios como la preservación de los recursos evitando el desgaste de la tierra, el manejo adecuado de las malezas y de las plagas que se traduce en una importante disminución en el uso de agroquímicos, entre tantos otros aspectos, ocasionó lo que algunos definen ya aquí como “una revolución productiva”.

“Trabajar sin biotecnología en este momento es como pensar que vas a trabajar a una oficina sin computadora, es una herramienta fundamental para la modernidad y la eficiencia en el trabajo. Son avances de la tecnología que uno no puede despreciar, son herramientas que ayudan a ganar tiempo en los programas de mejoramiento de los cultivos”, apunta el ingeniero agrónomo Héctor Cristaldo, dirigente de la UGP y miembro del INBIO.

Los inicios en Paraguay
La biotecnología moderna marcó su tarjeta de ingreso en el Paraguay en la década del 80, pero evidentemente cobró más fuerza en los años 90, con el impulso de la soja.

Sin embargo, un pionero en nuestro país en materia de biotecnología sería el Instituto Agronómico Nacional, que en los 80 comenzó a realizar investigaciones en torno a la propagación de la mandioca a través de cultivos de tejidos, buscando “la posibilidad de regenerar una planta completa a partir de un segmento de tejido o de una célula”, detalla la ingeniera agrónoma Rosa Oviedo de Cristaldo. A partir de esta experiencia se desarrollan también variedades de frutilla y de ka’a he’ê. Sin embargo, Paraguay se encuentra aún en la fase preliminar en el campo de la investigación, en comparación tan solo con los países vecinos, que investigan la materia hace ya 50 años; y del “primer mundo” ni qué hablar. “Paraguay es un gran consumidor de productos biotecnológicos, sobre todo de la técnica de los OGM, de los organismos genéticamente modificados. Pero nosotros no producimos los OGM, nosotros sembramos y exportamos los OGM. Es nuestro mayor producto de exportación. Tenemos soja, que es el cultivo que tiene el evento OGM incorporado, y actualmente se encuentran en estudio maíz y algodón, pero esa no es tecnología desarrollada en Paraguay tampoco, sino en Estados Unidos y en otros países”, agrega.

La biotecnología tiene su costo, por lo que su desarrollo implica una fuerte inversión. Si bien en muchos países de la región se implementó una política de Estado destinada a fomentar la investigación y el desarrollo de estas posibilidades, en Paraguay ha sido el sector privado el que se puso al día en estas técnicas. “La biotecnología es cara y necesita equipos y personal. Los productos de la biotecnología tienen gran impacto, pero para generar esos productos de gran impacto hay que hacer inversiones. En este momento es el sector privado el que apoya el uso de las semillas genéticamente modificadas, porque tiene ventajas económicas que son muy importantes para el país. Pero realmente no existe la inversión para el desarrollo de biotecnología nacional, eso todavía es una asignatura pendiente que debería haber”, añade la experta.

Investigación y desarrollo
El sector privado llenó ese vacío con la creación, justamente, del INBIO. “Esta institución pertenece a los productores y funciona básicamente para apoyar la modernización del país, para que se desarrolle la biotecnología sobre bases nacionales. Contamos con fondos para becas, tenemos convenios con universidades y con institutos de investigación, y eso es lo que hacemos, porque necesitamos tener una masa crítica, un grupo de gente que haga su carrera o que se especialice en los países del primer mundo para que podamos nosotros manejar todas estas tecnologías, entenderlas y acompañarlas, y algún día estaremos nosotros en condiciones también de contribuir”, sostiene el ingeniero agrónomo Ricardo Pedretti, un especialista gerente también del INBIO.

La reciente creación hace apenas un año, del Instituto Paraguayo de Tecnología Agrícola (IPTA) marca ciertamente un paso importante y auspicioso para el país, desde la perspectiva de una política nacional o al menos un inicio de ella; pero queda aún mucho por delante. Nuestros vecinos cuentan hace ya 50 años con sus equivalentes: institutos como el INTA en Argentina o EMBRAPA en Brasil vienen aportando conocimientos para el desarrollo, crecimiento y fortalecimiento del área. Ciertamente, parte importante de esos conocimientos llegan a nuestro país mediante convenios o intercambios de índole comercial o relacionados a la formación académica.

Como todo lo que es nuevo y desconocido, la biotecnología moderna también despertó temores y generó rechazos, pero es lo habitual cuando reina la desinformación. “Seguramente en los inicios la gente tuvo miedo también a la electricidad”, aventura la ingeniera de Cristaldo.

Es así como lo entienden los principales exponentes del sector: el debate en torno a la biotecnología encierra mucho desconocimiento y preconceptos. La capacidad de poder combinar genes de diferentes especies para mejorar a otra especie similar del reino vegetal o animal despertó sospechas desde un comienzo, pero al final los resultados son contundentes. “Las biotecnologías afectan todo lo que puede ser afectado por organismos y microorganismos biológicos. Hoy en día éstos pueden ser modificados para producir nuevas tareas o para producir nuevos productos, y eso tiene efecto en la producción agrícola, en la producción ganadera, tiene efectos en el medio ambiente, en todo lo que se conoce como la biorremediación, en la salud humana, en la salud animal, produciendo proteínas, produciendo hormonas, produciendo vacunas, todo de manera artificial pero utilizando organismos y microorganismos para esos nuevos fines”, afirma Pedretti.

Y desde luego que también en la cadena de la producción de alimentos, porque es lo que Paraguay es hoy por hoy en potencia: “Paraguay siguió avanzando en esto y hoy tenemos una gran producción. Paraguay es un productor de alimentos y un exportador neto de alimentos. Tenemos la vocación de producir alimentos y funciona perfectamente lo que llamamos el agronegocio”, según el ingeniero agrónomo Ronald Dietze.

Los beneficios
El licenciado Ricardo Wollmeister piensa que la tendencia mundial ha sido, luego de alguna oposición inicial en casi todas partes, la de valorar los grandes beneficios que la biotecnología finalmente ha aportado al mundo hoy. Es por ello que la apuesta actual es clara: “Hay países de economías muy grandes como Canadá, Brasil, India, China, mismo Europa, que están haciendo inversiones multimillonarias en el desarrollo de biotecnología a partir del convencimiento de que para la lucha por la seguridad alimentaria mundial, basada en los datos de la FAO, de que la producción de alimentos en los próximos 40 años, hasta el 2050, tiene que crecer un 70% sin que se puedan incorporar nuevos territorios a ese proceso, hay que apostar a la productividad. El segundo elemento es que prácticamente todos los productos biotecnológicos que hoy se están desarrollando tienen el componente ambiental, de manera que se reduce sustancialmente el uso y la aplicación de los agroquímicos utilizados. Y el tercer elemento favorable es la salud humana. Los productos que se están desarrollando ya incorporan por ejemplo vitaminas u otros elementos que son necesarios para la prevención de enfermedades en la población, lo que creo que es el objetivo final de todo ese proceso. Es un desarrollo que hoy ya no se discute como hace 10 años atrás. Hoy, los países más importantes del mundo están discutiendo sobre los beneficios que aporta la biotecnología a la humanidad”.

¿Y el Estado paraguayo?
¿Y en qué medida participa de este proceso el Estado paraguayo? El ministro de Agricultura, Enzo Cardozo, asegura que su cartera está evaluando y apoyando proyectos en ese sentido. “Como ministro he autorizado los ensayos experimentales del maíz transgénico y en este momento se están analizando en los campos los beneficios de este rubro. ¿Qué es lo que al Paraguay interesa? En primer lugar, si la biotecnología afecta o no al medio ambiente, si afecta a la salud humana y si el rendimiento de kilos por hectáreas se justifica para implementar esa técnica en el país. Eso se está investigando con el maíz. La soja ya está liberada y el algodón está en un proceso de estudio para posteriormente en base a las recomendaciones, conversar sobre una liberación comercial”, afirma el alto funcionario. Cardozo comenta asimismo que el año pasado se hizo un convenio entre la Universidad Nacional de Asunción, el IICA y el MAG para instalar una Maestría en biotecnología en el Paraguay. “Dentro de la alianza entre el sector público y el privado, mi intención como ministro es que la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Paraguay (AIAP), la Asociación de Médicos Veterinarios del Paraguay, los ingenieros forestales y todas las asociaciones vinculadas al sector productivo puedan incorporarse a un trabajo asociativo con el MAG. Creo que la labor de la AIAP va a ser de vital importancia con el objetivo de instalar las mesas temáticas por productos para hablar de extensión agrícola, de investigación, de comercialización y acompañar un proyecto productivo en el que podamos coincidir el sector público y el privado en un Plan Nacional de Producción para poder sostener el crecimiento del Producto Interno Bruto del país”.

Un Paraguay antes y después
El sector productivo privado no detiene la marcha y sigue avanzando en estrategias concretas como las de apostar a la capacitación o sellar convenios con las universidades, como así también en su carácter de gremio “acompañar en el Congreso la nueva Ley de Biotecnología y el fortalecimiento de los ministerios que son responsables de autorizar los procesos y de dar seguridad también en cuanto al cuidado de la propiedad privada. Me refiero, por ejemplo, a que el MAG tiene que autorizar la introducción de eventos de biotecnología al Paraguay. Tenemos que fortalecer al Ministerio de Industria y Comercio en el rubro de marcas y patentes, a fin de que se puedan registrar las propiedades de estos eventos”.

El INBIO participa asimismo en la plataforma regional del llamado BIOTECSUR, surgido de una iniciativa de cooperación entre la Unión Europea y los países miembros del Mercosur, que busca coordinar a todos los actores públicos y privados en torno a los procesos de la biotecnología en los países de la región. Wollmeister está convencido de que “lo que va acontecer entre fines del 2011 y comienzos del 2012, estoy seguro de que vamos a tener un antes y un después de la biotecnología en el Paraguay”.

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La transgénesis
La tecnología que cambió de raíz la producción agrícola

Desde la mecanización de la agricultura en Paraguay en adelante, desde la modernización incorporada a la producción agrícola, el desarrollo no se hizo esperar, pero también es cierto que el empuje inicial, la iniciativa misma, el motor disparador, la visión de futuro, la inteligencia determinaron los logros alcanzados. La aplicación de las herramientas más revolucionarias en la agricultura fue acompañada de objetivos concretos. El sector productivo tomó estas herramientas, las aplicó con éxito y desde entonces no solo no teme a lo que se viene después, sino que espera ansioso los últimos avances con la esperanza de ponerlos en práctica.

Y desde la aplicación de sistemas como la siembra directa, la rotación y los beneficios de la biotecnología, “la última gran tecnología que se introdujo en el país fue justamente el inicio del cultivo de especies y variedades transgénicas”, afirma el Ing. Agr. Ricardo Pedretti. “La transgénesis es una tecnología muy revolucionaria, es una biotecnología que nació a fines del siglo XX pero que en realidad está marcando el siglo XXI. Nació en el siglo anterior, cobró fuerza fenomenal a partir de 1980, y empieza a distribuirse en los primeros transgénicos en soja a mediados de los 90, casi al fin del siglo, y ahora, en este momento, en todo el mundo tenemos 140 millones de hectáreas y 13-14 millones de agricultores donde más del 80% tienen variedades transgénicas”.

Según su colega Ronald Dietze: “Hoy en día Paraguay es uno de los principales países que utiliza en algunos rubros la transgénesis con resultados altamente positivos, en el sentido productivo. Y nos convertimos en un lugar muy apropiado tanto en la producción como en la exportación de esos rubros”. Pedretti asevera que “esto representa un salto fenomenal. Gracias a la investigación bioquímica, genética, biológica, con todo el conocimiento adquirido, con todo el instrumental desarrollado para trabajar con estos organismos es posible hoy en día transferir genes de una especie a otra. Transfiriendo los genes y las características que controlan esos genes, es posible hoy en día solucionar problemas que anteriormente no eran posibles de solucionar por lo menos por la vía genética. Entonces tenías algunos tipos determinados de plagas que atacaban los cultivos, y la única forma que tenías de enfrentarlas era utilizar en mayor o menor escala algún tipo de agroquímicos. Los agroquímicos te resuelven un problema, pero también te ocasionan otros problemas. Afectan la sostenibilidad. Pero con la biotecnología es posible detectar genes que producen proteínas que controlan esas plagas en cualquier especie, en cualquiera de los reinos, vegetal, animal o microorganismos”.

“Todas las plantas que hoy cultivamos y consumimos como alimentos, inclusive los animales de granja y el ganado, han sido producto de transformaciones genéticas sufridas a lo largo de los años”, afirma por su parte la Ing. Agr. Rosa Oviedo de Cristaldo. “Esas transformaciones genéticas las fue realizando el hombre en el proceso que se llama domesticación. El hombre ha domesticado plantas y animales para usar sus productos como alimentos, vestidos y productos de uso cotidianos”. Así como en el pasado “los primeros agricultores seleccionaban las plantas que tenían mejor fruto, los más vistosos, con mejor sabor, hoy en día podemos hacer esas selecciones ya a nivel del ADN, a nivel molecular, ya que lo único que hace la biotecnología hoy en día es proporcionarnos herramientas con ajustes más finos para conseguir esos logros”.

Como sucede con todos los nuevos descubrimientos y sus aplicaciones, la biotecnología y la transgénesis han generado debates que, ciertamente, en gran medida aportaron importantes puntos de vista e incluso elementos que necesariamente había que investigar más a fondo, pero también quedan las estelas de temores inevitables que se propagan con suma facilidad, producto de la desinformación, en la mayoría de los casos. “La biotecnología está en la farmacia, está en el supermercado, está en todas partes. Hay muchísimos medicamentos y vacunas que son productos biotecnológicos. La biotecnología hace mucho tiempo que forma parte de nuestro cotidiano y nosotros ni nos enteramos o no nos damos cuenta o no sabemos, sencilla y llanamente, porque esos productos forman parte de nuestra vida cotidiana y nos permiten vivir mejor”, explica Cristaldo.

La manipulación genética permite alcanzar objetivos revolucionarios no solo en el sector productivo, para mejorar la producción y aumentar en el caso que nos ocupa las cosechas en menor tiempo y sin afectar al medio ambiente o desgastar la tierra. Hoy se estudian posibilidades tales como incorporar determinado tipo de vacunas en los alimentos, específicamente en las frutas, para combatir enfermedades endémicas y llegar ahí donde precisamente no llegan los medicamentos ni la ayuda médica. “De hecho, en Argentina existe una vaca genéticamente modificada que produce hormonas de crecimiento en la leche. La vaca se llama Pampita, y para los niños que nacen con ese déficit se los alimenta con la leche que tiene hormonas de crecimiento. Eso es lo que viene en el futuro, productos que van a tener la biotecnología incorporada, o de procesos biotecnológicos que van a hacer que esos productos sean más útiles, que mejoren nuestra calidad de vida”.

El Ing. Pedretti distingue dos fases en el desarrollo de los transgénicos. “La primera oleada de transgénicos son aquellos genes que se transfirieron a especies importantes del gran cultivo para resolver problemas del productor”. Se insertaron genes a la planta que permitieron a la misma soportar a las plagas, a los insectos y a los herbicidas, permitiéndoles sobrevivir a las malezas que compiten con los cultivos. En cuanto a ciertas plagas, ilustra Pedretti, se detectó una bacteria que producía una toxina que mataba a los gusanos y las larvas de insectos alados, la biotecnología detectó cuál era el gen que producía esa proteína, se cortó el gen, se lo injertó en un vector y el vector lo transfirió a la soja, al maíz, al algodón. “Ahora tenemos otras variedades de esos tres principales cultivos, que son los principales commodities que naturalmente resisten a estos insectos y se defienden solos”. La segunda oleada, según el experto, consiste en “aquellas que apuntan a beneficiar al consumidor. Entonces empezamos a cambiar la composición de los productos obtenidos de esos commodities. Tenemos un grano de soja, nosotros lo industrializamos, separamos la fracción líquida, que es el aceite, y la fracción sólida que es la harina. La harina tiene 50% de proteínas y eso va directo a la producción de balanceado para los animales, y el aceite va para consumo humano y para la industria. Entonces podemos alterar la composición proteica con biotecnología para producir proteínas que estén dirigidas a propósitos específicos, no para los propósitos tradicionales sino para usos muy específicos, como así también podemos nosotros modificar la calidad del aceite. Los aceites se diferencian según los ácidos grasos que contienen”.

Las posibilidades hoy son inmensas, por no decir fantásticas, en palabras de Pedretti. Antes todo esto parecía imposible, “hoy en día gracias al avance de la genética, de la biología, del conocimiento y de los nuevos instrumentos es posible modificar estos productos naturales utilizando los mismos productos naturales. Las características que están separadas en dos especies distintas es posible juntarlas en una”.
Si bien Paraguay no produce organismos genéticamente modificados (OGM), sí los importa, siembra, cosecha y exporta. La soja contiene el evento OGM y en la actualidad se hallan en proceso de estudio el maíz y el algodón. “Brasil ha desarrollado variedades de habillas, de feijao, algodón y un montón de productos derivados de la biotecnología no necesariamente genéticamente modificados, en los cuales han usado marcadores moleculares y otras técnicas biotecnológicas para seleccionar mejores variedades o mejores cultivos. Hay una aplicación de la biotecnología que es en la identificación y conservación de recursos genéticos, y esa es una asignatura en la que estamos aplazados, porque ni siquiera hay técnicas convencionales de conservación de recursos genéticos. No existe en el país una estructura para eso, los campos experimentales lo hacen de manera bastante precaria, pero no existe una estructura país que apunte a la conservación de recursos genéticos. Y la biotecnología es un soporte tecnológico muy importante para la identificación y la conservación de recursos genéticos. Esas son las áreas en las que el país tiene que invertir, porque los recursos genéticos son de todos y son para la posteridad, para las generaciones futuras”, sostiene Cristaldo. “Existen varios sistemas de conservación de sistemas genéticos. Está lo que se llamarían los ‘recursos genéticos’ que se conservan in situ y que serían los parques nacionales, los bosques, las áreas protegidas, pero existen otros recursos genéticos que no se pueden conservar de esa manera porque ya no son recursos genéticos silvestres, sino que ya son recursos genéticos que tienen procesos de domesticación, forman parte ya de los sistemas de producción. Esos recursos también se van perdiendo, entonces son los que tienen que ser colectados y conservados”.

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La biotecnología en Paraguay
Germina un nuevo enfoque de la agricultura

La agricultura moderna es el resultado de la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías. Paraguay ocupa el séptimo lugar en el mundo, entre los países que aplican la biotecnología en la producción de alimentos. Hay un considerable atraso en autorizaciones para el desarrollo de los OGM. (1)

Nuestro país tiene, además, una deficiente oferta académica en disciplinas relacionadas con la biotecnología. La necesidad de incorporar recursos humanos especializados es un dato clave, para avanzar en la materia y posicionarse mejor entre los países del Mercosur.

El Programa de Fitomejoramiento de Soja, cuyo objetivo pretende el mejoramiento y la liberación de nuevas variedades de soja (convencionales) de alto potencial de rendimiento adaptadas a las zona de cultivo, y variedades tolerantes a la sequía; el Programa de Desarrollo y Difusión de cultivares mejorados de maíz para uso de pequeños y medianos productores, y el desarrollo de cultivares de este rubro con mayor capacidad de expansión; la caracterización de enfermedades virósicas que afectan al cultivo de sésamo; los estudios de eficacia de insecticidas para el control de orugas y plagas nuevas invasoras del cultivo de soja en condiciones de laboratorio y campo, la sensibilidad de chinches de la soja a insecticidas, y el desarrollo y multiplicación de semillas de cultivares nativos de maní, para uso de pequeños y medianos productores, son algunos de los programas y proyectos en desarrollo en el país.

Todas estas iniciativas de investigación no serían posibles sin el respaldo del Instituto de Biotecnología Agrícola (INBIO), una institución privada sin fines de lucro creada por seis de los más importantes gremios de la producción agrícola, como la Asociación de Productores de Semillas del Paraguay (APROSEMP), la Asociación de Productores de Soja, Cereales y Oleaginosas del Paraguay (APS), la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP), la Cámara Paraguaya de Exportadores de Cereales y Oleaginosas (CAPECO), la Federación de Cooperativas de Producción Ltda. (FECOPROD) y la Central Nacional de Cooperativas.

El INBIO invierte millones de guaraníes anuales en éstos y otros proyectos y programas de investigación y capacitación de técnicos paraguayos de instituciones públicas y privadas. Según datos del INBIO, nuestro país cuenta con un evento biotecnológico aprobado a la fecha, relacionado con la resistencia al herbicida glifosato en el cultivo de soja. Desde que se aprobó la inscripción de otras variedades de soja tolerantes a herbicidas, su cultivo ha conocido un sostenido crecimiento tanto en el área sembrada como en la productividad por área, y en la tecnificación y aplicación de buenas prácticas agrícolas.

En marzo del 2009, la Comisión de Bioseguridad Agropecuario y Forestal (COMBIO) ha recomendado el inicio de la experimentación en ensayos regulados del evento MON810 y a partir de esa fecha han recomendado la experimentación de varios eventos biotecnológicos más, principalmente de genes Bt de primera y segunda generación, y de eventos con tolerancia a herbicidas, en los cultivos de maíz y de soja, auspiciadas por empresas de genética vegetal. Estos ensayos se han puesto en marcha a inicios del año 2011.

En el caso del algodón, una variedad con resistencia a larvas de plagas muy dañinas, ha sido objeto de experimentación en 3 campos de ensayo oficiales durante 2 años. Falta aún la evaluación del Valor Comercial de Uso de la variedad portadora del transgen Bt y la licencia ambiental correspondiente para su liberación comercial.

El ex Instituto Agronómico Nacional, rebautizado hoy como Centro de Investigación Hernando Bertoni, un ente autárquico dependiente del Instituto Paraguayo de Tecnología Agrícola (IPTA), es otra de las instancias de investigación biotecnológica del país.

El IPTA cuenta con un laboratorio que trabaja en áreas como la Biología Molecular. El trabajo busca el desarrollo in vitro de plantas y semillas de buena calidad para el beneficio de los pequeños productores. Entre los principales beneficios que se adquieren a través de la modificación genética, por ejemplo, encontramos que las plantas desarrollan una mejor calidad, con una masiva propagación, libres de patógenos.

Las variedades que se desarrollan in vitro abarcan frutas y plantas, como piñas, bananas, frutillas, melones, cítricos (naranjas, mandarinas, pomelos, limones), caña de azúcar, trigo, maíz, mandioca, ka’a he’ê, orquídeas, claveles, crisantemos, helechos, etc. Una planta madre desarrollada in vitro puede generar más de 300 plantines. El laboratorio cuenta con una capacidad de producción de 4 millones de plantas al año.

La firma Chemtec SAE, asociada con el Centro Multidisciplinario de Investigaciones Tecnológicas de la UNA (CEMIT-DGICT-UNA), desarrolla el proyecto “Planta Industrial de Biorreactores para la producción de Inoculante Nativo para Soja en Paraguay”, aprobado en octubre del 2009 por el Programa de Apoyo al Desarrollo de la Ciencia, Tecnología e Innovación, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).

El consorcio desarrollará hasta el 2011 la primera Planta Industrial de Bioprocesos del Paraguay, un emprendimiento de alto nivel tecnológico y científico que involucra la integración de conocimientos en ingeniería, biología, bioquímica, física y varias otras ciencias. La empresa cuenta con un Laboratorio de Biotecnología, donde se identifican y aislan cepas puras de microorganismos benéficos, amigables con la naturaleza, obtenidos de suelo paraguayo, para mejorar la producción de oleaginosas. Microorganismos fijadores de nitrógeno para cultivo de soja, maíz y trigo; microorganismos solubilizadores de fosfatos; microorganismos degradadores de pesticidas en suelo y microorganismos productores de fitohormonas, son estudiados y seleccionados minuciosamente para su aplicación en la agricultura.

Un equipo de destacados profesionales de la rama de microbiología, bioquímica y química industrial trabaja con bacterias de interés agronómico montando ensayos in vitro, trabajando en curvas de crecimiento y viabilidad, entre otras investigaciones.

Notas.
(1) Informe 2010 del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (International Service for the Acquisition of Agri-biotech Applications (ISAAA)

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Siembra directa
La técnica que superó al arado y la labranza

Desde que Paraguay adoptó la técnica de la siembra directa, los cambios han sido fructíferos y saltan a la vista. “Mejoraron los niveles de fertilidad del suelo, se evitó la erosión de los suelos y con la incorporación de materia orgánica aumentaron los niveles de fertilidad, y con eso la productividad y rentabilidad. Esto mejoró la vida, eso es definitivo. Otorga un manejo sustentable que hace que los rendimientos en esos suelos sean cada vez más crecientes y sostenidos”, afirma el ingeniero agrónomo Héctor Cristaldo. “Solo la falta de lluvia puede afectar a la productividad, si no la producción es estable”.

Técnica revolucionaria
A inicios de la década de 1970, el gobierno de Paraguay propició la instalación de colonos brasileños en la zona boscosa limítrofe con el Brasil. Estos agricultores ­—atraídos por los bajos precios de las tierras— trajeron consigo la experiencia de la siembra directa en los estados del sur de Brasil. Rudi Dressler es señalado como uno de los pioneros en este sentido y fue también el primero en importar maquinaria especializada en siembra directa, en los primeros años de la década de 1980.

El éxito obtenido mediante la siembra directa atrajo la atención de otros productores.
A mediados de los años 80, la Cooperativa Colonias Unidas y varias otras de colonos japoneses impulsaron programas de desarrollo y extensión de la siembra directa.

Mediante el estímulo de algunas empresas privadas, especialmente de Monsanto, los productores individuales pudieron mejorar su capacitación en SD hasta que el crecimiento de esta práctica agrícola desembocó, a finales de los años 80 en la creación de la Asociación Paraguaya de Siembra Directa.

La expansión de la siembra directa continuó sin pausa durante toda la década de 1990. Existen varios ejemplos de comunidades campesinas y de productores que lograron mejorar sustancialmente sus condiciones de vida y sus ingresos mediante el empleo de estas técnicas agrícolas sustentables. El trabajo de apoyo y difusión de la SD por parte de la GTZ, la agencia de cooperación alemana, permitió que este sistema llegara también a los pequeños productores, y no solo a los grandes y medianos como había ocurrido al principio.

Tras la frontera productiva
La siembra directa comienza a ser aplicada cuando el sector agrícola alcanza la frontera geográfica y surge la necesidad de buscar la frontera productiva, según comenta el ex ministro de Agricultura ingeniero Alfredo Molinas. La llamada frontera productiva implica un uso más eficiente y más eficaz de los recursos naturales que componen la tierra para la generación de bienes y servicios, incorporándose criterios que tienen que ver con sostenibilidad del uso de la tierra, que lleva a la aplicación de un estilo de producción revolucionario.

Esta técnica, además de incrementar la productividad, protege y en muchos casos recupera el suelo. En la experiencia paraguaya, introducida a comienzos de los años 90, permitió resolver el problema de la erosión de los suelos e hizo que el sistema de producción se tornara más sostenible. “La siembra directa imita artificialmente lo que ocurre en la naturaleza en un sistema que es autoabastecido, por decirlo así en forma muy simplista”, explica el ingeniero Ricardo Pedretti.

Además de ser amigable con el medio ambiente propone un nuevo estilo de agricultura, que demuestra a los agricultores paraguayos que la eficiencia en el uso de la tierra y el uso de tecnología bien planificado logra resultados alentadores que se transforman en ingresos que mejoran la calidad de vida de la población.

En 10 años cambió la historia
El ingeniero Luis Cubilla sostiene que mediante la cooperación alemana que trajo a Paraguay a técnicos altamente capacitados que instruyeron a sus partners locales, “en Paraguay, en diez años hemos cambiado la historia de la tierra”, asegura, “hemos detenido la erosión, hemos recuperado la fertilidad de los suelos y aumentamos la productividad de las cosechas”.

El cambio que se ha verificado en la agricultura en Paraguay fue muy rápido a partir de las nuevas posibilidades que abrieron estas revolucionarias técnicas. De no haberse aplicado el componente de la siembra directa, quizá nadie hubiera sospechado el potencial de nuestro país en materia de productividad, renta y crecimiento. Tan solo el ejemplo de la soja demuestra el cambio acelerado que vivió la actividad agrícola. En un inicio “hablábamos de 200.000 a 400.000 hectáreas solo de soja, y hoy estamos hablando de 2.700.000 hectáreas de cultivo de soja”, y que sin embargo no se limita a la soja porque, siguiendo el sistema de rotación, esa misma superficie permite varias cosechas en poco tiempo: trigo, maíz, girasol, abonos verdes, sorgo. “Hoy somos el único país en la región que, entre Chile, Argentina y Brasil, tenemos cinco cosechas en dos años en una misma superficie”, asegura.

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Semillería
La meta: cantidad y calidad

La producción de semillas es una actividad esencial para la producción agrícola de calidad en cualquier escala. La semilla guarda en su seno las características y comportamiento del vegetal en función de su información genética. La selección de las semillas adecuadas para las particularidades de tal o cual parcela de cultivo, es entonces crucial para elevar los rendimientos y desarrollar un modelo de producción ambientalmente sustentable. La producción de semillas es un proceso industrial que permite, en un ambiente controlado, generar simientes de la más alta calidad, libres de contaminación o plagas. Se trata de una rama asociada a la producción de alimentos y a la agroindustria que requiere de alta especialización técnica, equipamientos modernos y que debe ajustarse a las reglamentaciones y normativas internacionales y locales.

En Paraguay, la preocupación por otorgarle un marco regulatorio a la producción y comercialización de semillas comienza en 1971, con la creación del Servicio Nacional de Semillas (Senase). Actualmente, existen 227 empresas inscriptas en el Registro Nacional de Productores de Semillas. Las variedades que son producidas son de algodón, arroz, canola, algunas especies forrajeras, poroto, jatropha, maíz, sésamo, soja, sorgo, girasol, trigo y ka´a he´ê. El total de la superficie destinada a este rubro es de 161.979 hectáreas. Se estima que el volumen generado a partir de esta siembra es de alrededor de 100.000 toneladas de semillas certificadas.

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Fertilizantes
Para enriquecer el suelo

Con el boom de la producción de soja en Paraguay, cuyos inicios podrían ubicarse en los primeros años de la década de los 80, comienza también la importación masiva de fertilizantes en el país. Otros factores determinantes fueron la incorporación de nuevas extensiones de tierra a las áreas cultivadas y la excesiva extracción de nutrientes en ciertas zonas. A principios de la primera década de este siglo, el volumen de importaciones de fertilizantes en Paraguay llegaba a las 134.000 toneladas; ocho años más tarde esta cifra había trepado ya a las 756.000 toneladas, según los registros del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

La mayor parte de los fertilizantes que proveen el mercado paraguayo procede de Brasil, seguido por Argentina, Uruguay y Estados Unidos. Los rubros de cultivo que utilizan una mayor cantidad de estos complementos son la soja, el maíz, el trigo y el girasol. Una cuarta parte de los fertilizantes que se producen a nivel mundial es empleado en los campos de América Latina. Aunque nuestro país tiene el potencial para producir fertilizantes fosfatados y potásicos, éstos no son producidos a nivel local, por lo que la totalidad de los fertilizantes proviene de las importaciones.

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Un insumo fundamental para el productor
Los agroquímicos son cada vez más inocuos

Todo productor que busque obtener el máximo rendimiento de su cultivo debe utilizar agroquímicos, porque son necesarios para controlar a las plagas y las enfermedades que atacan y dañan a las plantas y a los cultivos. “Hay plantas que genéticamente tienen más o menos resistencia a ciertas plagas o enfermedades, pero podemos asegurar que para lograr buenos rindes y beneficios económicos, los agroquímicos son necesarios”, asegura el Ing. Ramón Sánchez, presidente de la Cámara Paraguaya de Sanidad Agropecuaria (CAPASAGRO).

Sobre el temor ampliamente difundido entre la población —y no sin fundamento— ante la posibilidad de contraer enfermedades e intoxicarse, Sánchez garantiza que en cuanto a inocuidad, calidad, toxicidad o posibles daños al medio ambiente, “las familias de agroquímicos actualmente utilizados en Paraguay y en el mundo son de última generación y mucho más inocuos que los que se utilizaban hace 30 a 40 años atrás”. Paraguay utiliza en la actualidad los mismos agroquímicos que Brasil o Argentina. Estos productos, dado el estricto control al que son sometidos ya en sus países de origen y antes de ser puestos en circulación en el mercado, “son hasta menos tóxicos que la sal de mesa”, sugiere.

Precisamente ese es el papel de CAPASAGRO, que al igual que la industria mundial de agroquímicos investiga permanentemente el mercado con el fin de poner a disposición de los agricultores productos con los menores índices de toxicidad y daño al ambiente. La entidad que preside Sánchez ofrece charlas con los técnicos de sus empresas en forma permanente para sus clientes productores, acerca de normas y prácticas sobre el uso seguro de agroquímicos. Igualmente, se mantienen charlas con el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (SENAVE) y cursos de adiestramiento buscando siempre la seguridad de los aplicadores y del medio que los rodea.

“Los agroquímicos son para las plantas lo que los productos farmacéuticos son para los humanos. Para curar enfermedades en los humanos utilizamos fármacos; igualmente, las plantas requieren de agroquímicos para mantener su salud y librarse de las plagas y malezas. Es difícil separar la agricultura moderna, que necesita producir cada día más en la menor cantidad de superficie, de la participación de los agroquímicos. El mundo requiere duplicar la producción de alimentos pero no se pueden aumentar las áreas de cultivo”. Para producir con la mayor eficiencia posible en una misma hectárea de tierra es necesario utilizar toda la tecnología disponible para el efecto, y entre ellas se encuentran los agroquímicos.

El uso de agroquímicos normalmente coincide con el aumento y concentración de cultivos agrícolas por área. “Generalmente, cuando un cultivo es recién incorporado a un área, en los primeros años hay poca incidencia de plagas, pero con el aumento del cultivo aparecen las plagas y las enfermedades. Por ejemplo, en los primeros años del cultivo del sésamo en el Paraguay (10.000 a 15.000 hectáreas) a comienzos de los años 2000, los cultivos prácticamente estaban libres de plagas, pero con el correr de los años (100.000 a 150.000 Há) la aparición de las plagas aumentó así como los daños que causan. No podemos precisar cuándo comenzaron a utilizarse agroquímicos en forma más intensiva en el país, pero no hay duda de que su uso se generalizó en la década del 60 con la introducción del Plan Nacional del Trigo y más tarde del algodón”.

Un logro importante de los últimos avances de la biotecnología ha sido la incorporación en las plantas de genes que permiten defenderse solas de ciertas plagas, lo que en algunos casos incluso hace que sea innecesario el uso de agroquímicos. Del mismo modo se está investigando mucho en torno al uso de productos biológicos extraídos de bacterias, hongos o mismo plantas con capacidad de controlar determinado tipo de plagas. Hace 30 ó 40 años los productos podían contener arsénico o mercurio, y los efectos colaterales eran fatales tanto para los cultivos como para las personas, los animales, los ríos, la tierra misma. El desarrollo ha sido tal que en la actualidad hasta la cantidad de agroquímicos utilizados por hectárea es ampliamente menor que antes. Hace 20 ó 30 años había agroquímicos que había que utilizar entre 1 a 2 kilos por hectárea para obtener el efecto deseado; en la actualidad existen productos que basta con utilizar entre 5 a 20 gramos por hectárea.

Lo cierto es que se están aunando esfuerzos para desarrollar tecnologías y lograr agroquímicos cada día menos tóxicos y más amigables con el ambiente, con el fin de mejorar la producción sin desgastar más los recursos.

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Agricultura orgánica
Una vía para el desarrollo sostenible

Se concibe a la producción orgánica, ecológica o biológica, como una opción productiva en consonancia con el equilibro existente en la propia naturaleza, teniendo como principio el equilibrio físico, químico y biológico del suelo, siendo su principal fin optimizar las relaciones entre suelo-planta-animales. En tal sentido, se encuentra totalmente descartada la utilización o empleo de cualquier producto químico sintético u organismos genéticamente modificados (OGM).

Estos sistemas de producción promueven la recuperación y conservación de los recursos naturales. Entre las herramientas utilizadas y aceptadas están la rotación de cultivos, cobertura de suelos, laboreo mínimo, el reciclaje de material orgánico en las fincas de producción, como son los residuos de cosechas, utilización de leguminosas, abonos verdes, estiércol de animales, utilización de extractos naturales para el manejo ecológico de plagas y enfermedades, entre otros.

Si bien América Latina se ha sumado con destacado protagonismo a esta tendencia, teniendo en cuenta que el 24% de la superficie mundial dedicada a la producción orgánica se encuentra en esta región, esta participación pesa más en la oferta que en la demanda. Los principales productos alimenticios proveídos a los grandes mercados orgánicos internacionales son: frutas frescas, vegetales, café, cacao, azúcar, cereales y harinas, aceites vegetales y oleaginosas, carne, entre otros.

Según las estadísticas publicadas en el documento Estrategia Nacional para el Fomento de la Producción Orgánica y Agroecológica en el Paraguay, elaborado en el 2008 conjuntamente por el MAG, el IICA y Alter Vida: En la Región del MERCOSUR ampliado, la superficie de tierras bajo certificación orgánica representan el 1,17% de la superficie agrícola total, distribuidas como sigue: Argentina, con 2.800.000 hectáreas, Uruguay 680.000 hectáreas, Brasil 800.000 hectáreas, Bolivia 19.000 hectáreas, Chile 603.000 hectáreas y Paraguay 59.600 hectáreas. En Paraguay, la superficie bajo manejo orgánico representa aproximadamente el 0,37% de la superficie agrícola utilizada y ocupa a 12.000 productores; en cuanto a la producción agroecológica, se relevaron 20.944 Há y 38.490 productores bajo este sistema.

Azúcar orgánica, rubro principal
La producción nacional certificada y exportada tiene como rubro principal al azúcar orgánica, cuyo valor de exportación en el 2006 alcanzó 27 millones de dólares.

El desarrollo de la producción orgánica a nivel comercial en el Paraguay se registra a partir del período agrícola 1988/89, en las cooperativas menonitas del Chaco Central, específicamente en las colonias Loma Plata, Neuland y Fernheim. Casi al mismo tiempo se inicia la producción orgánica en el departamento de Itapúa, al sur de la Región Oriental, en las colonias Obligado, Hohenau y Bella Vista.
En los años siguientes se desarrollaron nuevos rubros tales como: sésamo, cártamo, yerba mate, especies aromáticas y caña de azúcar.

Una de las empresas pioneras en la producción de azúcar orgánica es la Oficina Técnica Industrial S.A. (OTISA), cuya fábrica está en Arroyos y Esteros, departamento de Cordillera. Industrializa caña de azúcar orgánica a partir de 1996. Le sigue la azucarera CENSI Y PIROTTA, localizada en Benjamín Aceval, departamento de Presidente Hayes, Región Occidental. La lista sigue con Azucarera ITURBE S.A., industria procesadora de caña de azúcar orgánica para la obtención de azúcar y melaza. También destacan Azucarera LA FELSINA, fundada en Guarambaré en 1917, y que produce caña de azúcar orgánica en una superficie propia y adquiere materia prima certificada de otros productores; y Azucarera Paraguaya AZPA S.A., que, situada en el distrito de Coronel Martínez (Tebicuary), departamento de Guairá, en la actualidad se constituye en una de las principales empresas productoras de azúcar orgánica en el Paraguay, según PROCISUR.

En cuanto al rubro sésamo orgánico, lideran las empresas Shirosawa y Ecotrading, que producen y venden; el naranjo agrio y el cedrón están siendo llevados adelante por la Cooperativa La Norteña de San Pedro de Ycuamandyyu.

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Diversificación de la oferta agrícola
Un mundo de posibilidades

La demanda mundial de alimentos se encuentra en continuo crecimiento y según los pronósticos del sector esta tendencia se acentuará en el futuro. Ciertamente, la demanda no se limita a granos y carne, por lo que Paraguay, como país integrante de una región rica y competitiva en cantidad y calidad de producción en distintos rubros, puede aprovechar sus ventajas en materia de recursos naturales y energéticos para diversificar su oferta, potenciar otros rubros y con ello atraer a la inversión extranjera en la producción e industrialización de alimentos.

Sabemos ya que el producto estrella en materia de exportación es la soja. Pero Paraguay tiene mucho más que ofrecer. Los tres rubros con gran potencial que le siguen son el maíz, el trigo y el arroz. “El trigo hoy es un rubro que demuestra que si se hacen bien las cosas se puede llegar al objetivo”, comienza explicando el Ing. Agr. Héctor Cristaldo. “Comenzó en el año 67 con mucho fracaso, el Plan Nacional del Trigo, una producción que no llegaba a los 1.000 kilos por hectárea. Después se inició el proceso de generación de variedades adaptadas a nuestro clima, proceso que llevó mucho tiempo. Y de ser 100% importadores netos de trigo pasamos para finales de los ‘80, comienzos de los ‘90 a ser autosuficientes en trigo, dejamos de importar y desde el ‘93 comenzamos a ser exportadores. Ahora creo que somos decimoterceros exportadores de trigo en el mundo. Un proceso que nos llevó casi 40 años, de importadores a productores autosuficientes y ahora exportadores. Cuando las cosas se hacen bien se puede avanzar. En cambio el algodón, de ser un referente en el mercado internacional con cotización propia, desapareció porque las cosas se hicieron mal”, ejemplifica.

Con respecto a otro rubro, destaca que “el arroz se está empezando a consolidar con las nuevas técnicas de manejo y de producción en campos que antes eran campos de descarte, donde no se podía hacer agricultura, pero ahora son campos muy productivos con un promedio de 7.000 kilos por hectárea y una alta producción al nivel de lo que se produce en Brasil o Argentina. Son los cuatro rubros más fuertes en este momento para el país”, asegura.

Según el Ing. Agr. Alfredo Molinas “hay nuevas alternativas en la agricultura: está la producción orgánica, la producción de sésamo, que aparece hace 11 años recién; está la stevia (edulcorante natural) que está ganando campo. Hay que entender que el sistema de producción de la stevia es diferente al sistema de producción de sésamo, algodón y caña. La stevia implica un cambio de cultura en la gente: trabajar los 12 meses del año, con calidad, con responsabilidad, eso va a llevar su tiempo, no todos van a estar de acuerdo”, menciona. También ve buenas posibilidades no aprovechadas en las hierbas medicinales tradicionales. “Las hierbas medicinales se han ganado todo un campo a nivel nacional, pero a nivel internacional no se ha explorado todavía porque ahí hay otro tipo de lucha: están las hierbas medicinales de la India y de China, que tienen otro sistema de marketing en el que nosotros todavía no entramos. Sabemos que nuestras hierbas son buenas, pero no conocemos cómo reproducirlas”. Si bien hay algunas empresas estudiando el campo, según sus manejos solo han logrado reproducir 16 especies de hierbas, pero hay más de 200 variedades cuyos valores medicinales se conocen, pero no cómo reproducirlas. Hasta el momento se obtienen según el antiguo sistema de la extracción.

El ministro de Agricultura y Ganadería, Abg. Enzo Cardozo, comenta que entre los logros obtenidos desde su gestión, en materia de producción de otros rubros, “el año pasado tuvimos la oportunidad de lanzar el plan de producción y comercialización de hortalizas sobre nueve rubros, y dentro del plan de producción de hortalizas gratificamos a la papa. En el 2009 sacamos 2 hectáreas de papa, en el 2010 sacamos 72 hectáreas de papa, y para el 2011 nuestra idea es la de sacar 350 hectáreas de papa, porque forma parte de la agricultura familiar campesina como un rubro de renta y un rubro de consumo”.

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Diversificación de la oferta agrícola
Un mundo de posibilidades

Cuando el 21 de abril del 2009 asume el cargo de ministro de Agricultura y Ganadería, el abogado Enzo Cardozo entiende que para empezar debe contar con una hoja de ruta y firma el Marco Estratégico Agrario 2009-2018 (MAE), actualmente en plena ejecución.

El MAE es un instrumento del sector agropecuario “elaborado en consulta con instituciones públicas, privadas e internacionales con el propósito de dar una visión de la agricultura a la que se aspira en los próximos diez años y una referencia respecto a los caminos a transitar para alcanzar esa imagen-objetivo. El propósito del MAE es que sus planteamientos, y las prioridades que establece, sirvan para el diseño de políticas públicas y la adopción de medidas orientadas al desarrollo del sector agrario y rural, así como para la formulación de programas y proyectos”.

El ministro explica que el plan se articula en cinco puntos, el primero de los cuales “nos habla del desarrollo de la agricultura familiar y seguridad alimentaria; el 2° del desarrollo de la competitividad; el 3° de la adecuación institucional, sectorial y reestructuración del MAG; el 4° habla de desarrollo de agroenergía y el 5° de desarrollo pecuario y granjero. Dentro de los ejes estratégicos que son estos cinco puntos, hablamos de los programas estratégicos: el Programa de Apoyo a la Agricultura Familiar; el Programa de Fomento en la Producción de Alimentos por la Agricultura Familiar; el Programa de Fomento al Desarrollo a la Competitividad de Productos Agrícolas; el Programa de Apoyo a la Producción y Comercialización de Hortalizas; el Programa Agricultura y Economía Indígena; el Programa de Biocombustible; el Programa de Manejo, Conservación y Recuperación de Suelos; el Programa de Fomento Pecuario (PRONAFOPE) y el Programa de Desarrollo Rural, Territorial con énfasis en la Reforma Agraria”.

“Tenemos una hoja de ruta que estamos ejecutando en toda la República.Hemos identificado 300 asentamientos en los 17 departamentos donde iniciar el proceso de Reforma Agraria y de Desarrollo Rural con enfoque territorial. No quiero culpar a ningún ex ministro de Agricultura, porque desde el año 1989, cuando cayó la dictadura, hasta el 2009, se cambiaron 20 ministros, ellos se encargaban de cuidar sus sillas y el sistema perverso de la política paraguaya se encargó de aislar al sector productivo, a los pequeños productores, de una institución tan importante como es el MAG. Entiendo que el MAG tendría que ser el ministerio más importante en el país, porque habla de la política productiva del Paraguay. Hoy nos damos cuenta de que el crecimiento del Producto Interno Bruto se sustenta en la agricultura y la ganadería, y lo que tenemos que hacer es actuar en consecuencia”,  concluyó el ministro Enzo Cardozo.

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El papel del Estado
Un aliado estratégico

Cuando el 21 de abril del 2009 asume el cargo de ministro de Agricultura y Ganadería, el abogado Enzo Cardozo entiende que para empezar debe contar con una hoja de ruta y firma el Marco Estratégico Agrario 2009-2018 (MAE), actualmente en plena ejecución.

El MAE es un instrumento del sector agropecuario “elaborado en consulta con instituciones públicas, privadas e internacionales con el propósito de dar una visión de la agricultura a la que se aspira en los próximos diez años y una referencia respecto a los caminos a transitar para alcanzar esa imagen-objetivo.
El propósito del MAE es que sus planteamientos, y las prioridades que establece, sirvan para el diseño de políticas públicas y la adopción de medidas orientadas al desarrollo del sector agrario y rural, así como para la formulación de programas y proyectos”.

El ministro explica que el plan se articula en cinco puntos, el primero de los cuales “nos habla del desarrollo de la agricultura familiar y seguridad alimentaria; el 2° del desarrollo de la competitividad; el 3° de la adecuación institucional, sectorial y reestructuración del MAG; el 4° habla de desarrollo de agroenergía y el 5° de desarrollo pecuario y granjero. Dentro de los ejes estratégicos que son estos cinco puntos, hablamos de los programas estratégicos: el Programa de Apoyo a la Agricultura Familiar; el Programa de Fomento en la Producción de Alimentos por la Agricultura Familiar; el Programa de Fomento al Desarrollo a la Competitividad de Productos Agrícolas; el Programa de Apoyo a la Producción y Comercialización de Hortalizas; el Programa Agricultura y Economía Indígena; el Programa de Biocombustible; el Programa de Manejo, Conservación y Recuperación de Suelos; el Programa de Fomento Pecuario (PRONAFOPE) y el Programa de Desarrollo Rural, Territorial con énfasis en la Reforma Agraria”.
“Tenemos una hoja de ruta que estamos ejecutando en toda la República.

Hemos identificado 300 asentamientos en los 17 departamentos donde iniciar el proceso de Reforma Agraria y de Desarrollo Rural con enfoque territorial. No quiero culpar a ningún ex ministro de Agricultura, porque desde el año 1989, cuando cayó la dictadura, hasta el 2009, se cambiaron 20 ministros, ellos se encargaban de cuidar sus sillas y el sistema perverso de la política paraguaya se encargó de aislar al sector productivo, a los pequeños productores, de una institución tan importante como es el MAG. Entiendo que el MAG tendría que ser el ministerio más importante en el país, porque habla de la política productiva del Paraguay. Hoy nos damos cuenta de que el crecimiento del Producto Interno Bruto se sustenta en la agricultura y la ganadería, y lo que tenemos que hacer es actuar en consecuencia”, concluyó el ministro Enzo Cardozo.

 

Programa de Integración Productiva
Más producción, mejor vida

Una política estratégica de desarrollo rural integral solo puede estar basada en la cooperación estrecha entre el sector público y los productores privados, no importa si éstos operan en grandes explotaciones o si manejan unidades familiares o pequeñas parcelas. El desafío de elevar los rendimientos por cada hectárea sembrada o de incorporar nuevas técnicas y avances tecnológicos en la producción o comercialización de los frutos de su labor es común a las grandes empresas o a los campesinos que trabajan individualmente o con su familia. Este es el espíritu que inspira precisamente el Programa de Integración Productiva que desde hace algunos meses viene desarrollándose en el departamento de San Pedro, con el respaldo de la Unión de Gremios de la Producción (UGP); la filial de este departamento de la Asociación Rural del Paraguay (ARP); la Federación de Cooperativas de la Producción (Fecoprod); la Cooperativa Colonias Unidas; la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP); el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), y la USAID.

El objetivo de esta iniciativa es colaborar con los pequeños campesinos a través de sistemas y técnicas intensivas y de calidad para aumentar la producción, a fin de asegurar la subsistencia del núcleo familiar y generar excedentes que les permitan mejorar sus condiciones de vida en forma sustentable. El primer año de aplicación del programa se enfocó, de manera particular, en dos rubros: uno tradicional, el maíz, y otro innovador, la soja. Los beneficiarios recibieron insumos de calidad en el tiempo oportuno, a precios razonables y con convenientes mecanismos de financiación. Sin embargo, el acento del proyecto está puesto en el factor humano del proceso, que recibe capacitación constante así como asesoramiento técnico dirigido a la implementación de buenas prácticas agrícolas, como la siembra de densidad y el uso apropiado y seguro de los agroquímicos.

Los resultados al primer año del programa fueron sorprendentes. En maíz, por ejemplo, mientras el nivel de productividad en la zona se encuentra en el rango de los 1.200 kilos por hectárea en promedio, en el caso de los productores asociados al programa la cifra sube a 2.500 kilos y hasta 4.000 kilos por hectárea. Estos índices de rendimiento permiten a los agricultores no solo asegurarse la subsistencia sino también hacen posible una cierta acumulación, indispensable para elevar la calidad de vida y para realizar nuevas inversiones para expandir la producción. Algunos cultivos desarrollados en la primera etapa fueron: el maíz tupi pyta: 500 hectáreas; el sésamo: 300 hectáreas; la soja: 80 hectáreas y la mandioca: 624 hectáreas.

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Agricultura de precisión
Las semillas y los satélites

La agricultura de precisión es definida como la aplicación de las tecnologías de la información en el manejo de los suelos y otros recursos en función de las variables que presentan las parcelas dedicadas a los cultivos, sean estas extensas o pequeñas. La idea es suministrar los insumos en el lugar correcto, en el tiempo adecuado y en las proporciones apropiadas para lograr una gestión óptima de los cultivos, evitando el desperdicio y elevando los niveles de rentabilidad y permitiendo además la implementación de correcciones y ajustes. Esto es posible siempre y cuando la relación entre el costo-beneficio de la utilización de estas herramientas tecnológicas favorezcan al productor. Los beneficios de la agricultura de precisión son muchos, entre ellos podemos mencionar: el mejoramiento y la reducción de costos de la logística y de los insumos; la posibilidad de realizar diagnósticos exactos de los problemas surgidos en el trabajo de campo (como los asociados a las características químicas del suelo, la aparición de malezas o enfermedades); el control minucioso de la siembra y la cosecha, posibilitando establecer una ecuación que defina con claridad los lugares y las dosis de insumos que deben ser aplicados en la finca.

La agricultura de precisión supone la intervención de varias herramientas tecnológicas. La primera etapa consiste esencialmente en un diagnóstico de las peculiaridades químicas y físicas del suelo en un área delimitada mediante la tecnología de GPS (sistema de posicionamiento global), una suerte de mapeo que servirá para referenciar las distintas muestras de suelo y determinar las variaciones de su composición y atributos. También existe la posibilidad de monitorear los rendimientos en diferentes partes de la finca a medida que se cosecha lo sembrado. Entre las informaciones que pueden obtenerse a través de estos instrumentos figuran también los niveles de humedad y la cantidad de granos para cada pequeña área monitoreada (que son indicadores georreferenciados, útiles para lecturas a mayor escala). Finalmente, en esta primera etapa de evaluación de campo se cruzan además las informaciones y datos obtenidos mediante fotografías aéreas, imágenes satelitales o con las lecturas de diferentes sensores remotos, como el de clorofila, por ejemplo. Los resultados de esta gran colecta de datos y características específicas del campo deberán ser analizados y correlacionados en una segunda fase con la aplicación de tecnologías de informaciones geográficas. Son éstas un conjunto de herramientas informáticas que clasifican, grafican, almacenan y organizan los datos a fin de llegar a una visión precisa de las necesidades de insumos y trabajo que habrá que satisfacer para aumentar sustancialmente los niveles de productividad, rendimiento, manejo adecuado de recursos naturales y rentabilidad en las zonas estudiadas. En este sentido, la agricultura de precisión permite la implementación de dosis variables de fertilizantes y densidad de siembra diferenciada, según el mapa levantado con anterioridad. Una computadora envía la información al control de la maquinaria para ajustar las dosis sobre la marcha. De manera semejante, con el mapa de precisión que incorpora datos sobre presencia y grados de infestación de malezas y plagas, es posible distribuir los insumos (herbicidas, etc.) con exactitud, según los requerimientos particulares.

 

Paraguay y la región
Según algunos estudios, se calcula que para el 2013 cerca del 20% de los productores paraguayos podría utilizar en mayor o menor medida las técnicas y métodos de la agricultura de precisión. A pesar de esta cifra, el Paraguay continúa a la zaga de los demás países de la región en el desarrollo de estas aplicaciones. Es Argentina el país que marcha a la cabeza del lote, ya que viene trabajando en la fabricación de agromaquinarias para la gestión de insumos mediante guías satelitales desde 1995, en un esfuerzo que involucra a universidades, gremios, productores y fabricantes. El plan argentino busca subir la productividad y calidad de los cultivos de oleaginosas, cereales y pasturas, así como abaratar drásticamente los costos de las tecnologías de alta complejidad para que éstas sean accesibles a la mayor parte de los agricultores. Brasil, por su parte, ha llegado ya a cerca del millón de hectáreas de cultivo bajo monitoreo satelital y con cruzamiento informático de datos del suelo y el clima. También en este país existe un esfuerzo por integrar en una misma orientación al mundo académico, al Estado, a los productores agrícolas y al sector privado agroindustrial. En Paraguay se han producido avances alentadores, especialmente en la zona de Itapúa, donde existen programas experimentales con excelentes perspectivas.

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La agricultura, palanca de desarrollo
Brota y crece una nueva economía

La estructura económica del Paraguay ha vivido en los últimos 20 años una transformación de grandes proporciones, principalmente a partir del auge y empuje que experimentó la agricultura mecanizada y a partir de sus logros las posibilidades en el mercado y las exportaciones, según coinciden los expertos.

“Hace 20 años, cuando el país vivía lo que se considera la época de oro del algodón, el Paraguay tenía más de 500.000 hectáreas sembradas del producto. Era una producción minifundiaria de aproximadamente 500 familias campesinas que cultivaban una hectárea por promedio. Ese modelo fue teniendo problemas y el campesino se fue quedando sin sustento, con lo que disminuyó la siembra de algodón, que hoy apenas alcanza unas 20.000 hectáreas. El campesino es una persona que tiene una parcela de tierra, desarrolla una producción de autoconsumo y otra de renta y vende o contrata mano de obra para la finca o fuera de ella. Este campesino ha perdido su cultivo de renta y tampoco ha podido generar trabajo fuera de su finca. La consecuencia fue, además de convulsiones sociales, una migración de la población campesina a las ciudades. Entonces, de una población rural del 52% en el censo de 1992, hoy el país se ha quedado con un 37 ó 38% de esa población, con el agravante de que la ciudad no ha generado suficiente cantidad de puestos de trabajo para emplear a esa población migrante. Esta migración es mucho más tardía con respecto a los demás países de América Latina, que tienen un promedio de población rural del 17% y que sufrieron estos procesos migratorios hace unos 30 años”, explica el economista Manuel Ferreira Brusquetti.

“Paralelamente —continúa su análisis— se da el proceso de que una agricultura moderna de altísima tecnología, basada en la biotecnología y en la tecnología mecánica, se va desarrollando y creciendo con un modelo nuevo de cultivo de siembra directa, que al no remover la tierra para cada siembra permite aumentar los rendimientos de manera muy significativa, preservar los suelos de la erosión y reducir el uso de agroquímicos, motivo por el cual también se la conoce como agricultura conservacionista”. Según Ferreira “hoy tenemos en el campo un modelo muy exitoso y otro modelo fracasado”.

Es de destacar que “el sector privado ha sido capaz de desarrollarse a pesar del Estado. Este sector ha permitido y podido desarrollar tecnologías, mercados, conocimientos, y ha desarrollado también una cadena logística aunque el Estado no sea quien provea esos bienes y servicios”, subraya el economista. En ese sentido, y por paradójico que suene, “la no intervención del Estado también ha tenido efectos positivos, ya que ha forzado a los actores privados a incrementar sus niveles de competitividad y eficiencia, porque un mercado que se desarrolla solo es robusto y perdura. Pero, en definitiva, existen elementos de regulación e intervención que son funciones estatales que pueden ayudar en el proceso, mejorándolo e incorporando a más actores que se beneficien de él”, reflexiona Ferreira.

 

Agricultura, proceso amplio y complejo
Con respecto a las características que debiera contener una estrategia apuntada a convertir el “boom” de la soja en un crecimiento consolidado y sostenido de la economía rural, Ferreira considera fundamental que el crecimiento sea incluyente. “Debemos dejar de pensar en la agricultura como aquello que ocurre en el campo. La agricultura es un proceso bastante más amplio y complejo que no solamente se desarrolla en el campo. Existe un proceso de producción e importación de insumos, de bienes de capital (tractores, accesorios, maquinarias, etc.), procesos de transporte, esquemas de financiamiento, sistemas de recolección y procesamiento de granos, equipamiento y logística de exportación y otros procesos más, que están adquiriendo niveles altos de tecnología y se enmarcan dentro de los servicios. Y en este punto se necesita personal de alto nivel y con un grado de conocimiento que hoy el paraguayo promedio no tiene, lo que hace que importemos ese servicio. Esto ocurre actualmente con los hijos de los brasileños que ocupan el lugar de los paraguayos que no se pueden incorporar por la falta de conocimientos”.

Ferreira piensa que el productor agrícola ha conseguido incorporar con eficacia las nuevas herramientas científicas ­—el marketing, la ingeniería financiera, etc— y las modernas tecnologías en su trabajo diario: “Definitivamente, el Paraguay hoy no tiene nada que envidiar en muchos aspectos a la producción que se realiza en los Estados Unidos o en Europa, en términos de tecnología agrícola. Por supuesto que faltan muchas cosas, falta todavía un camino por avanzar. Pero hoy tenemos productores de muy buen nivel, y tenemos también productores que deben adecuarse a estas nuevas herramientas. Ahora bien, hay que destacar que la tecnología de punta, de primer mundo, está en Paraguay, entonces la absorción de esta tecnología se vuelve más barata y simple para aquel que aún no la ha incorporado a sus procesos productivos. Muy pocos son los que pueden importar tecnología desde el primer mundo”.

La falta de diversificación conlleva un riesgo. “Hoy el Paraguay está compitiendo de manera seria en tres de los cuatro mercados agrícolas más importantes del mundo, que son la matriz base de la agricultura mundial, y que son el maíz, la soja, el trigo y el arroz. En estos productos, el país está teniendo valores cada vez más significativos. Cuando existe un problema en estos rubros, se genera un impacto en el mercado teniendo en cuenta los riesgos del cambio climático, así como ha ocurrido en el 2009, cuando hubo una caída tremenda de la producción agrícola, que generó un impacto en la economía paraguaya”, dice Ferreira. “Paraguay hoy tiene en agricultura unas 3 millones de hectáreas, pero según la FAO el país tiene casi 21 millones de hectáreas de tierras ‘agriculturables’ o arables, lo que significa que tenemos un potencial de crecimiento 7 veces mayor a lo que tenemos en la actualidad”.

Según el economista, el sector público “ha fallado en no poder generar transformaciones que permitan incrementar los niveles de desarrollo. El hecho de que el activo más valioso que hay en el país, la tierra, no tenga derechos de propiedad claramente establecidos, es un retraso enorme. Al no poder hacerse estas transferencias de manera eficiente, ya que no se tiene la certeza de que quien me está vendiendo una tierra es propietario de la misma, se pierden transacciones de mercado y por lo tanto se pierden también espacios de generación de riquezas que pueden generar empleo y mano de obra para muchos paraguayos”.

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El rol de la banca
El sector financiero al servicio de la producción

La actividad agrícola es, ha sido y continuará siendo la base de la economía paraguaya. La evolución de la riqueza producida en el país en estas dos últimas décadas encuentra su explicación en la correlación entre el crecimiento del sector agrícola y el complejo sojero.

La banca paraguaya comprendió que apostar al sector agropecuario es apostar al futuro del país. Esta tendencia se ve reflejada en la asignación de los créditos otorgados por el sistema bancario al sector productivo del país. Según la Superintendencia de Bancos del BCP, el 24,39% de los créditos otorgados por los bancos tienen como destino al sector agrícola. Esto representa más del doble de los créditos otorgados a otros sectores también importantes como la ganadería y la industria.

Son cada vez más los bancos que apuestan a la actividad del sector, pero es el Banco Regional el que lleva la delantera en el rubro. Sus orígenes mismos explican del porqué: el grupo que lo fundó estaba compuesto por personas que nacieron en contacto con la tierra y que la trabajaron con sus propias manos.
El presidente del Directorio del Banco Regional, Nicolás Trociuk, sostiene que la entidad que hoy preside nació hace 20 años para llenar una necesidad insatisfecha, cuando los bancos estaban más interesados en invertir en el comercio (importación, exportación), porque consideraban a la agricultura un negocio de alto riesgo. “Yo no discuto que la agricultura sea un negocio de riesgo, pero yo pregunto: ¿cuál es el negocio que no tiene riesgos?”, desafía Trociuk, apellido de alta resonancia en el sur del país, en Fram, departamento de Itapúa, a donde llegaron sus padres de origen ucraniano a mediados del año 1937, para desarrollar la agricultura y experimentar un crecimiento que continuó en manos de don Nicolás y de su hermano Constantino, desarrollando la industria arrocera que después fue expandiendo su capacidad de producción a otros cultivos y la agroindustria, como molinos harineros, alimentos balanceados y cítricos. Su sobrino Andrés Trociuk es el actual presidente de la Empresa Trociuk y CIA.

Don Nicolás Trociuk preside el Banco Regional desde el año 1998. El Banco nace en el año 1991 y su primer presidente fue don Carlos Memmel. Dicha entidad financiera nació en Itapúa, con su Casa Matriz en Encarnación, para expandirse con el correr de los años por casi todo el país y también con varias sucursales en la capital, Asunción. “Este banco fue pensado en un principio desde un punto de vista empresarial, no solamente para ganar dinero sino para crecer y hacer crecer, dar servicio y llenar una necesidad insatisfecha por las demás instituciones que no estaban prestando el servicio necesario, otorgando créditos especialmente al sector productivo, el sector de la agricultura, la ganadería y la agroindustria”. La experiencia fue imitada pronto por otras instituciones. “Hoy apostar a la agricultura, al sector productivo, a la agroindustria es desde nuestro punto de vista un buen negocio, y no solamente un buen negocio, es una buena oportunidad para todos, para el banco, para los productores, para los agroindustriales y también para el país. La mayor generación de divisas es la agricultura, la ganadería y la agroindustria”.

La banca pública
¿Qué rol ocupa el sector público en este contexto? El ministro de Hacienda, Dionisio Borda, sostiene que “el sistema financiero en el Paraguay se mantiene sólido, saneado, a prueba de crisis y está haciendo esfuerzos por brindar servicios financieros a quienes no lo tienen. Pero, en general, la inclusión financiera sigue siendo muy baja. El crédito formal no llega en forma suficiente a las PYMES y microempresas ni a la economía familiar campesina. No es esto una excepción en los países en desarrollo, pero el caso del Paraguay presenta una particular gravedad si lo comparamos con otros países de América Latina que ya han logrado sistemas financieros más incluyentes. Según el último informe del Banco Mundial sobre acceso financiero, el Paraguay se encuentra entre los países de la región que tienen la menor cantidad de cuentas de ahorro y crédito a adultos en bancos comerciales”. Un principio general consiste en “estrechar la articulación entre el sistema estatal y el privado. Los recursos son demasiado escasos para que el Estado destine esfuerzos hacia sectores que ya están bien proveídos por el sistema financiero privado. Debe centrarse en destinar sus recursos hacia aquellos sectores desprovistos del crédito formal. Así la Banca Estatal debe responder a dos desafíos simultáneos: llegar a quienes no alcanza la oferta financiera privada y hacerlo con una lógica de ganancia y no de subsidio. El subsidio es otra tarea, tiene otra lógica y otros destinatarios”… reflexiono el ministro.

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La dinámica agrícola está gestando un país diferente
Los desafíos de una sociedad en transformación

En los últimos 5 años se produjeron cambios significativos en las zonas que concentran la actividad productiva. Fabricio Vázquez, doctor en Geografía y Ordenamiento Territorial, observa y describe como un hecho revolucionario cómo el sector que él identifica el de la agricultura familiar globalizada se integra, aunque no necesariamente en términos de valor o de volumen de producción, al mercado. Es decir: “campesinos que antes estaban desvinculados del mercado, de pronto se vinculan a él. Eso consitituye una modificación estructural. Los campesinos pasaron de ser pobladores rurales a ser productores rurales”, y eso es algo novedoso.

Este cambio no se debe, sin embargo, a políticas de Estado sino al sector privado, y esencialmente a la presencia de empresas multinacionales asociadas al nuevo sistema de producción campesina en las cadenas productivas del sésamo, la stevia y las frutas. “Se detectaron mercados como el sésamo, sobre todo, y eso generó condiciones para que empresas dedicadas al acopio del producto se instalen. Pero también, este período coincide con la instalación de otras empresas que antes restringían su área de influencia a Asunción y la gran Asunción, pero que ahora lo hacen fuera de la capital y en diferentes zonas; como por ejemplo, las financieras, que modificaron el acceso a créditos a la producción, mucho más prácticos que el crédito oficial. Entonces llega la modernidad, cambian las circunstancias, se dispone de comunicaciones a través del celular, se produce la revolución de la moto. Se producen cambios culturales importantes. De pronto llegaron empresas que dijeron a estas comunidades: “señores, nosotros les compramos la producción”, relata Vázquez. “Hay un cambio de modelo. Estas comunidades campesinas siempre trabajaron con programas del Estado, solo que el Estado les decía: ‘planten esto y después vamos a ver cómo se vende; no sabemos quién va a comprar, pero planten’. Hoy es: ‘les pago tanto si plantan esto’. Y se cierra el circuito”.

Esta transición a un nuevo modelo de producción y cambio de hábitos no se da realmente por la adopción de tecnología o porque llegó el desarrollo: “no, absolutamente, se da de forma simple: conexión con mercados. La agricultura dejó de ser una actividad rural, hoy es una actividad productiva vinculada a mercados. Se convirtió en negocio. La agricultura en las zonas campesinas era antes una actividad de subsistencia y de tinte cultural en algunas zonas, aunque no se puede generalizar, esto se convirtió en negocio; hoy, por primera vez productores rurales pequeños tienen acceso a los agronegocios”.



“El impacto económico de esto es muy importante”, dice el experto y sugiere que habrá que esperar el Censo del 2012 para verificar esto, pero está convencido de que será posible confirmar un incremento sustancial en el consumo, por ejemplo, en la venta de motos, telefonía celular y electrodomésticos en el mercado rural. De hecho, estos cambios se perciben con cada vez mayor frecuencia: “Me ha tocado ver notebooks en zonas rurales, en despensas por ejemplo. El impacto es muy positivo porque permite a estas familias acceder a ciertos servicios que antes eran prohibitivos y sobre todo que quedaban lejos. Hoy hay hijos de campesinos yendo a universidades privadas en diferentes ciudades. Es decir, son hijos de campesinos que tienen los ingresos y eso genera un nuevo modelo de ciudades en Paraguay”.

Comenzó entonces en cierto modo, cierta descentralización. Hace algunos años, la migración del campo no era simplemente a la ciudad, sino específicamente a Asunción. “Eso se está modificando muchísimo por la diversidad de servicios y ofertas en otras ciudades, por lo que ya nadie necesita ir a Asunción. Si hoy festejamos el Bicentenario de la Independencia de España, varias zonas rurales están festejando su independencia de Asunción”, afirma Vázquez. “Hoy tenemos un escenario mucho más dinámico; y las migraciones es muy probable que se estén dando de las zonas rurales a las respectivas ciudades regionales que están surgiendo hoy, como ser Horqueta, Santa Rosa del Aguaray, Santaní, Curuguaty, J. Eulogio Estigarribia, San Ignacio, San Juan Nepomuceno, entre otras”, cita.

“Es interesante ver cómo la riqueza genera consumo también, porque no todo es ahorro. Sobre todo porque estamos en la civilización del consumo, donde gran parte de lo ganado es consumido”, dice.

 

 

 

 

El Estado que si bien no es que estuvo ausente, no ha hecho bien su trabajo, debe recuperar su rol de gestor. En la actualidad existen zonas muy desarrolladas, con sus problemas particulares, y otras zonas muy poco desarrolladas. Estas últimas son aquellas en las que el Estado estuvo a cargo de generar desarrollo, mientras que en las otras zonas, el dinamismo fue dado por el sector privado. “El Estado tiene que ser gestor, tiene que tener políticas territoriales, micro y macro regionales, tiene que entender cómo funciona el territorio desde otra lógica que no sean los departamentos y distritos, ya que éstos tienen una base de división administrativa y política artificial y desfasada. Los límites administrativos datan de 1860, y la primera división administrativa oficial es de 1906. Entonces ya no es relevante y el Estado tiene que redescubrir sus territorios y cómo funcionan, hay territorios que funcionan con agricultura mecanizada y otros que funcionan con agricultura familiar”.

Entre los múltiples desafíos, “hay que repensar el modelo demográfico para cada región, para redistribuir a la población en forma equitativa. Ahí sí los propios territorios tienen que repensarse. Al territorio de la agricultura mecanizada le importa mucho más que al Estado cuál va a ser su composición demográfica”, sostiene Vázquez.

Otro importante desafío es el cultural y que tiene que ver con la necesidad de la redefinición de la identidad paraguaya. “Es decir, ¿cómo asumir como paraguayos a los descendientes de brasileños, de polacos, de japoneses? ¿Cómo eliminar la palabra ‘brasiguayos’?, porque la palabra ‘brasiguayo’ no existe. Es decir, si asumimos que existen ‘brasiguayos’ entonces existen los ‘japoguayos’ y los ‘polaguayos’. Y nosotros seríamos los ‘guaraguayos’. Son denominaciones que afectan a las interrelaciones entre los actores. El último Censo registró a 23 japoneses en Itapúa… personas con pasaportes japoneses. Los demás tenían cédula paraguaya. A eso me refiero con la redefinición de la identidad paraguaya”.

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Comercio exterior y las oportunidades de Paraguay
A la conquista del mundo

Paraguay tiene todo el potencial para constituirse en un país productor de alimentos para el mundo. De hecho, Paraguay es actualmente el cuarto exportador mundial de soja en el mundo, con 5,5 millones de toneladas métricas vendidas; además, ocupa el octavo puesto en exportación de maíz y el decimotercero en trigo. Las perspectivas para el país han cambiado notablemente en los últimos años.

“Tenemos una capacidad productiva y una realidad productiva muy superior a nuestras necesidades, entonces, automáticamente estamos en condiciones de producir no solamente para autoabastecernos, sino para exportar al mundo”, asegura el Ing. Agr. Ricardo Pedretti. “De hecho, de todos los rubros de exportación, generalmente lo que utilizamos en nuestro país es solamente el 9/10%; después el 91/90% se va todo afuera, porque excede nuestras necesidades de consumo. Tenemos 6 millones y medio de habitantes pero lo que producimos es para 10 veces más. Así de sencillo. Más del 90% de la soja que se produce se exporta. En cuanto a otros cereales, aunque no con esa proporción, pero se puede decir que más del 50% se exporta y el resto queda para nuestras necesidades de consumo interno. Somos muy excedentarios en producción agrícola y en producción ganadera. Y de eso vive el país, de eso ha vivido siempre y hasta ahora sigue siendo el pilar y la base de nuestra economía”, subraya el experto.

Los principales rubros del momento están estrechamente relacionados a la agricultura más tecnificada, que en relación a la superficie que ocupan son la soja, el maíz, el trigo y el girasol. “Son los rubros más fuertes que están siendo complementados con otros productos: arroz, canola y los abonos verdes como parte del sistema de rotación de cultivo. Paraguay tiene todo el potencial para producir alimentos para el mundo, pero depende más que nada de nosotros mismos que podamos aprovechar al máximo ese potencial, atendiendo a la ventaja comparativa que tenemos con otros países. Podemos cultivar durante los doce meses del año, porque no tenemos un invierno tan crudo como en otros países, y eso permite, en un sistema de rotación, generar cinco cosechas en dos años”, asegura.

Este dato, confirma el Ing. Agr. Alfredo Molinas, nos ubica actualmente como único país en la región, prácticamente entre Argentina, Brasil y Chile, que puede producir cinco cosechas en dos años en la misma superficie, gracias al sistema aplicado de la siembra directa y la rotación de cultivos, en el cual somos además, en proporción, líderes mundiales.

A la demanda mundial de alimentos se ha incorporado, en los últimos 30 años, poco más de un tercio de la población actual del mundo, no solamente en cantidad sino también en poder adquisitivo a tener en cuenta, que son las poblaciones de China e India, destaca el economista Manuel Ferreira: “Un chino promedio ganaba, en 1980, 400 dólares al año; hoy está ganando casi 7.000 dólares, lo que ha modificado su calidad de consumo y su demanda de alimento”, lo que se podría leer como una oportunidad histórica para nuestra región. “Esta es una demanda de alimentos consolidada y que va a seguir existiendo. La mayor provisión va a ser una cuestión necesaria y el único lugar en el mundo donde se puede crecer en este sentido es el Mercosur, sobre todo el Paraguay. También el impacto de la biotecnología será cada vez más fuerte. Se conquistarán suelos que anteriormente eran impensables. La lucha en el mundo hoy es por la fertilidad del suelo, no tanto por la cantidad de agua, ya que cada vez las semillas son mejor adaptadas al rigor climático. De aquí a 10 ó 15 años se verán campos agrícolas en zonas impensadas, como el Chaco”, pronostica.

Afirma el Ing. Agr. Cristaldo que “Paraguay tiene que mantener su competitividad en el mercado en base a un buen manejo de los recursos naturales y un manejo sostenible que le permita mantener su productividad y posicionarse en los mercados también en función de la calidad de la producción paraguaya.

El mismo proceso que se hizo con la carne, un trabajo de un frente interno donde se adecuó todo el manejo para tener una buena producción y una certificación de la sanidad de nuestros productos, y después ya hay que mantener la calidad y la provisión del mercado. La demanda creemos que está asegurada”.

El Ing. Agr. Ricardo Pedretti asevera que “toda producción que apunte solamente al consumo interno ya queda limitada desde el inicio, porque la población paraguaya es muy pequeña, el mercado nuestro es muy pequeño”. El analista sostiene que el mercado interno se caracteriza por haber demasiados productores para tan pocos compradores. Sin embargo, existen rubros “donde tenemos competitividad como para poder salir con nuestros productos con ventajas al exterior. De hecho, los mercados internacionales, por lo menos para los productos conocidos como commodities, son prácticamente infinitos para nosotros. No hay limitaciones de mercado”.

Retomando los ejemplos de China e India, Pedretti señala que “si vemos a la soja como gran producto, nuestro mercado internacional es China. China sola es la gran consumidora hoy en día, está acaparando en este momento casi el 50% de las exportaciones totales de soja. Si hablamos de la fracción sólida de la soja, para la producción de harinas, nuestro mercado es Europa. ¿Y por qué esa diferencia? Por los usos que se le da. La soja da dos grandes productos básicos: aceite y harina. La harina de soja es la que posicionó a toda la región del Mercosur en la situación de privilegio que tenemos, ¿por qué?: porque no existe hasta ahora una fuente de proteína para la alimentación animal que pueda desplazar en calidad y precio a la soja. Entonces, por eso todos los países que tienen una producción ganadera intensiva, que en el caso de los países europeos es intensiva, la necesitan. En este momento la fuente de proteína en un alimento balanceado está dada por la harina de soja, esto es a nivel mundial. En el caso específico de Asia, no solamente necesitan producir proteínas animales, para lo cual utiliza las harinas de la soja, sino también necesitan el aceite para consumo humano. Por eso es que, si vamos a comparar, China es demandante de ambas cosas. En cambio India, que tiene una población humana enorme también, necesita los aceites para la alimentación humana. Entonces, por eso es que el producto bandera de Paraguay, en este momento, en sus exportaciones desde el lado agrícola, es la soja, cuyo destino final es diferente según el mercado de destino. Europa necesita alimentar a sus animales, les interesa más la proteína de la harina que el aceite; y a Asia le interesan ambas cosas”.

Pero como Paraguay no tiene relaciones comerciales con China, este es un punto a ser tratado con urgencia. “Paraguay tiene que apostar a desarrollar su vocación, que es la producción de alimentos”, sintetiza el Ing. Agr. Ronald Dietze. Paraguay no va a ser centro financiero mundial, tampoco en materia de fabricación de automóviles, ni el centro de producción de software o hardware para computadoras. Paraguay tiene que modernizarse, sí, y continuar avanzando en el desarrollo y aplicación de los nuevos conocimientos y las nuevas tecnologías que permiten aumentar la productividad, porque “la tierra, en el futuro, no va a jugar un papel tan importante como la tecnología, los conocimientos y el capital que le vamos a aplicar. Antes, lo principal en la producción era la tierra y el trabajo, hoy no son ni la tierra ni el trabajo, sino lo que somos capaces de adherir, de adicionar a la tierra: los métodos de cultivo, los fertilizantes, la siembra directa y toda infraestructura que requiera la recuperación del suelo”. Paraguay tiene que pensar en nichos de mercado, “no pensar solamente en la soja, que es importante, o solo en la ganadería, que también es importante. No vamos a dejar de hacer eso, pero deberíamos sumar otros rubros como las frutas, las hortalizas, las fibras”, opina.

Don Nicolás Trociuk, presidente del Banco Regional, está convencido de que “mientras tengamos qué sembrar, cuidar y cosechar, vamos a seguir produciendo buenos alimentos porque tenemos buena tierra, tenemos un clima aceptable, tenemos agua, tenemos abundante sol, tenemos todo para producir alimentos de calidad”. Mientras el hombre necesite alimentarse a diario, habrá demanda de alimentos, y Paraguay los produce, dice.

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Dos sectores muy competitivos
Sostén de la industria cárnica y de lácteos

La agricultura paraguaya es sostén y base de la ganadería, uno de los rubros de mayor exportación del país. En este sentido, la carne paraguaya es apreciada por su calidad, estimación que se reflleja en el aumento de las exportaciones a diferentes países del mundo. Tal es así que el principal destino de las exportaciones de carne bovina paraguaya en cuanto a volumen es Rusia, mientras que Chile es el primero si el análisis se hace considerando los montos ingresados por la venta, de acuerdo con el informe de enero a mayo del 2011, proveído por el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa). En la lista de los principales compradores de carne paraguaya figuran además Venezuela, Israel y Brasil. Todos los pronósticos apuntan a que la tendencia favorable para el sector cárnico paraguayo se mantendrá durante el 2011 e incluso los siguientes años.

Para ejemplificar con números: en lo que se refiere al monto total de lo exportado hasta mayo del 2011, los US$ 368 millones registrados ya casi llegan a la mitad de lo que se envió en todo el año 2010 (US$ 762 millones). El volumen hasta el 31 de mayo del 2011 alcanzaba las 70.443 toneladas, mientras que en todo el ejercicio anterior se despacharon 170.086 toneladas de carne. El sector agrícola aporta forrajes y balanceados de excelente calidad y a buen precio, lo que constribuye a elevar el nivel de competitividad de la ganadería paraguaya.

Igualmente destacado es el papel de la agricultura en el desarrollo del rubro de los lácteos en el país, sostenido principalmente por la producción de las colonias menonitas. Tal es así que el 85% de la producción láctea del Paraguay proviene de las industrias de los menonitas de ambas regiones. Como muestra de ello, en solo una cooperativa láctea del Chaco paraguayo, se producen 250 mil litros de leche por día (casi 88 millones de litros al año), inmensa producción que va acorde al consumo y a la exportación del país. El avance de las técnicas de producción, la mejor calidad y expansión de la agricultura (mejores animales, pasturas, forrajes, tecnología) conjugan una combinación positiva en beneficio del país.

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Obras de alto nivel
Puertos, estructuras claves

Según el economista Manuel Ferreiro Brusquetti, una de las más importantes acciones del Estado ha sido la creación de la Ley de Puertos, que multiplicó la cantidad de puertos privados, fluviales y secos en diferentes regiones del país. “Hubo pequeñas acciones por parte del Estado que generaron grandes transformaciones. La más interesante sea quizás el caso de los puertos. Desde la creación de la Ley de Puertos, que permite la instalación de puertos privados en el país, se han multiplicado los puertos fluviales y secos en el país y se ha desarrollado una gran capacidad logística. Cuando se clausura el puerto de Paranaguá para las exportaciones paraguayas, la cadena logística se orienta hacia el sur, hacia Uruguay y Argentina. Esto ha permitido desarrollar una flota de embarcaciones sobre la hidrovía Paraguay-Paraná, donde el 80% de las barcazas tiene bandera paraguaya, casi 2.000 barcazas”, refiere. Además “se permitió desarrollar una ‘carga’ que anteriormente no existía. En ese sentido, el Paraguay produce hoy 13 millones de toneladas de granos, lo que conlleva detrás una gran cantidad de movimiento de trabajo”.

Otro aspecto positivo bajo el gobierno actual ha sido el mejoramiento de la infraestructura”, dice. “Se han visto proyectos en los que anteriormente nadie creía, como la hidrovía mencionada, y asfaltados de rutas que mejoraron el sistema logístico”.

Ciertamente, la aparición de nuevos puertos privados en Asunción y alrededores responde al crecimiento de la producción, principalmente la agrícola. De acuerdo a datos de la Marina Mercante existen 48 puertos registrados, de los cuales 22 están vinculados al comercio exterior. Como Paraguay vive principalmente de la exportación, esta nueva situación ha exigido el fortalecimiento del sistema de transporte terrestre y fluvial, de manera a poder responder más eficientemente a la gran demanda existente del mercado.

Desde 1994, mediante la emisión de un decreto reglamentario de la ley de puertos, las estaciones portuarias privadas dejaron de depender de manera exclusiva de la Administración Nacional de Navegación y Puertos (ANNP), en lo relacionado a la fiscalización de su funcionamiento, el control de sus contenedores y operaciones de transporte. Según datos de la entidad, existen 15 puertos nacionales en Paraguay y 8 puertos o depósitos francos extra portuarios, que dan trabajo a unas 300.000 personas.

Por citar a los principales puertos estos son el de Asunción y las terminales portuarias de José A. Falcón, de Chaco’i, de Encarnación, de Concepción y otros.

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Del campo y la cosecha a la fábrica
La apuesta al futuro tiene nombre: la agroindustria

Ricardo Raatz, director presidente de Oleaginosa Raatz S. A., rememora los inicios de la industria familiar dedicada a las oleaginosas: “Con mi hermano Lauro (presidente y fundador de Yerba Mate Pajarito) abrimos la empresa viendo la necesidad de producir tung. El tung se usa mucho para la pintura, para material impreso, para tinta, barnices. Antes se usaba mucho para pintar los barcos, sobre todo porque es de rápido secado, altamente aislante. Y después nos informaron que en Europa la gente no quiere pintar la vivienda familiar con pinturas sintéticas, quieren productos naturales”.

El tung fue traído a la zona por los colonos japoneses, en su momento la producción de este rubro no prosperó, fue reemplazado por otros cultivos, luego la creciente demanda devolvió la atención sobre la materia prima que genera este fruto.

“Esos fueron los inicios acá, con don Lauro, y pusimos las primeras prensas de aceite allá por el año 1967, y fuimos creciendo. Después ya agregamos otras cosas, con la incorporación de nuevos valores, cuando mi hijo Alfredo entró en la empresa vio los negocios de la soja, industrializamos después también soja, y después ya hicimos canola, algodón. Fuimos ampliando y hoy casi no hay rubro que no industrializamos: hacemos balanceados, aprovechando todos los productos que nosotros podemos incorporar, así que acopiamos maíz, sorgo, canola, girasol y se industrializa y parte de eso va al procesamiento del balanceado. Es una empresa que hoy ya en el mercado está abasteciendo a una gran parte de la demanda para la alimentación de cerdos, pollos y vacunos a nivel nacional”, comenta.

Solo para exportación
“El mercado del aceite de tung es 100% de exportación. El aceite de tung se usa para hacer aceites, pinturas, recubrimientos, y el 100% es exportado. Tenemos clientes en Alemania, Bélgica, España, tenemos un comprador importante en Estados Unidos, Brasil, exportamos a todos esos destinos. Y, aparte de eso, también estamos exportando los aceites especiales, la canola y el girasol a mercados más regionales, por ejemplo a Brasil, Argentina, Uruguay. Y también están los subproductos. Cuando extraés el aceite de la oleaginosa te sobra una harina. Esa harina es materia prima para hacer balanceados. Y los balanceados son vendidos en el mercado interno. Como también parte de estos aceites, el aceite de soja se vuelve a refinar y se vende en el mercado interno”, explico Alfredo Raatz, director gerente general de Oleaginosa Raatz S.A, sobre los alcances de la empresa.

La misma experimentó un crecimiento vertiginoso en los últimos cinco a seis años, asegura. “En tal sentido, nosotros estamos haciendo ahora una ampliación de esta planta porque tenemos una línea de aceitería, y ahora estamos poniendo otra línea de aceitería del triple del tamaño, justamente porque ya no estábamos dando abasto actualmente, y como tenemos una diversidad de productos nos obliga a hacer estas ampliaciones. En eso estamos actualmente, estas ampliaciones seguramente van a entrar en régimen a partir del segundo semestre del 2012”, dice Raatz.

Desarrollo regional
El impacto que las empresas Raatz generaron en la región es enorme. El desarrollo en la zona es visible. “Con el grupo nuestro, la yerbatera y la aceitera, nosotros consideramos que hemos hecho un aporte importante a la región, a la comunidad. Yo creo que hoy hay, en forma directa, 500 familias que dependen de estas empresas, y en forma indirecta habría que multiplicar por cinco o por seis fácilmente. Entonces creo que sí, que el núcleo empresarial ha hecho un aporte importante”, sostiene Alfredo. “Nosotros hoy somos receptores de materia prima de muchos productores en la región, de pequeños productores y grandes productores para los cuales somos realmente una forma de escape. El productor tiene hoy la opción de hacer una diversidad de productos, que es lo que se busca en el campo, el productor puede plantar soja, maíz, tung, yerba, sorgo, girasol, y puede hacer diversidad de productos”.

Proyección al futuro

“Con la aceitera tenemos un plan estratégico a diez años y la intención es llegar al triple de lo que estamos haciendo hoy en facturación, en cantidad de productos, en toneladas procesadas por año. Este año la empresa va a llegar a facturar aproximadamente 100 millones de dólares y hasta el año 2020 pensamos que podemos llegar a triplicar la producción. Ese es el sueño que tenemos”, concluye Alfredo.

El progreso llegó a Fram
En 1965, don Constantino Trociuk y su hermano Nicolás, hijos de inmigrantes ucranianos llegados a Paraguay —específicamente a Fram— en 1936, instalaron el primer molino de arroz de la zona, con lo que crearon la primera industria arrocera de Fram. “Nosotros empezamos en las plantaciones desde muy chicos. Yo planté algodón con mi padre. él cultivó algodón, trigo, maíz y arroz. Posteriormente fuimos los mayores cultivadores de arroz en la zona. Me refiero a la familia Trociuk. Todo comenzó con mi padre, quien posteriormente trasladó responsabilidades a nosotros, sus hijos, y tomamos la posta mi hermano Constantino, hoy ya fallecido. Trabajamos juntos durante mucho tiempo como Trociuk Hermanos”, relata Nicolás, hoy presidente del Banco Regional, uno de los bancos líderes en apostar al sector productivo.

Arroz y trigo
La empresa de Trociuk Hermanos continuó produciendo arroz y trigo hasta que en 1977 construyó varios silos, obteniendo además una representación para la venta de maquinarias agrícolas e insumos. En 1980, Fram era la zona agrícola más mecanizada del país.

En 1989 se funda Trociuk & Cía. Agrícola, Ganadera e Industrial, siendo los integrantes de la misma los hijos y nietos de Wladimiro Trociuk. En el año 1990, viendo la abundancia de materia prima y la necesidad de un mayor aprovechamiento de la misma, se decide el montaje de la primera planta de alimentos balanceados en Itapúa, la cual aportó un importante desarrollo a la zona, generando un amplio programa de provisión de alimentos balanceados de buena calidad al mercado de la cría de aves, cerdos, vacunos y otros.

Balanceados y cítricos
En el año 1996, Trociuk & Cía. desarrolla un establecimiento arrocero que hoy es el más grande del país, donde cuenta con una planta de semillas y otra procesadora de arroz. El complejo industrial de la ciudad de Fram comprende la planta de alimentos balanceados, silos de acopio, molinos harineros y modernos laboratorios para el control de calidad y análisis agroindustriales.

Las ansias de expansión y progreso no se detuvieron. Tras una inversión millonaria, la más reciente en el proceso de crecimiento de la industria, fue instalada la planta para producir jugos concentrados a partir de cítricos. La misma está equipada con tecnología de punta que produce los concentrados, cuyo destino es sobre todo el mercado europeo, su principal comprador.

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Hacia una formación técnica de calidad
Una nueva economía exige nuevos profesionales

La Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Asunción (FCA/UNA) ofrece a los jóvenes carreras para el futuro. Nacida en el año 1956 como Facultad de Agronomía y Veterinaria, con el tiempo se separaron las dos para convertirse en carreras bien específicas, y con especialidades bien concretas. Hoy la FCA ofrece las carreras de Ingeniería Agronómica, Ingeniería Forestal, Ingeniería Ambiental, Ingeniería en Ecología Humana y la Licenciatura en Administración Agropecuaria. Para el próximo año se están delineando actualmente las bases para una nueva carrera, acorde a los nuevos tiempos y desafíos a los que se está enfrentando nuestro país, la Ingeniería Agroindustrial.

Aunque ciertamente el problema de la inserción al mercado laboral es todavía en gran medida un déficit, una materia pendiente a ser resuelta en nuestro país, sobre todo si se quiere evitar la “fuga de cerebros” que usualmente se da en los países sin oportunidades para los jóvenes capacitados, también es cierto que, como hemos podido comprobar a lo largo de las páginas de este volumen, en la producción agrícola está la base de nuestra economía, la clave del desarrollo del país y por ende está el futuro de la nación. Existen motivos suficientes para creer que acá queda mucho por hacer, y que hasta el momento se están haciendo bien las cosas.

Por lo menos el nivel de formación alcanzado por la FCA/UNA ha merecido sus importantes reconocimientos, tanto es así que ha merecido una acreditación con sello de calidad a nivel del Mercosur, primero en el año 2004 y luego, más recientemente y por segunda vez, hecho inédito en la región, en el 2010.

La facultad adoptó un sistema de ingreso que es muy exigente, porque la idea es delinear desde el inicio mismo un perfil de estudiantes que puedan hacer frente a los desafíos que les presentará su propia carrera y, posteriormente, la vida misma como profesionales. Tienen que ser personas que estudien, lean, analicen, comprendan, que puedan sobre una base teórica sólida tener la capacidad de hacer la lectura realista de su entorno. La facultad de todos modos se ha visto en la obligación de ser cada vez más exigente porque también es cierto que ya la universidad no está pudiendo dar más abasto. Entonces sucede que el curso probatorio de ingreso va trazando una línea, y hoy una constante es que finalmente de cuatro postulantes queda uno.

El flujo de estudiantes se ha duplicado notablemente en apenas cinco años. De poco más de mil se ha llegado a los tres mil estudiantes que están en las diferentes carreras que ofrece la facultad. Existe una superpoblación y hoy es posible verificar que en cada aula, originalmente hecha para albergar a 40 estudiantes, se reciben a alrededor de 60.

Las exigencias hoy en día no se limitan a los estudiantes. La universidad ha decidido también esculpir el cuerpo idóneo de docentes, de modo que todos sean profesionales titulados y puedan hacer una especialización, maestría o posgrado en el extranjero. La FCA/UNA tiene convenios con 30 universidades (fuera del Mercosur).

De hecho en la actualidad se puede aseverar sin temor a equivocaciones que cualquier egresado de la FCA/UNA tiene suficiente capacidad para insertarse en el mercado laboral de cualquier país de la región.
La FCA/UNA ha suscrito numerosos convenios y contratos con empresas productoras, incluso con el propio INBIO, además de asociaciones gremiales, asociaciones de ingenieros agrónomos, ingenieros forestales y todos los gremios del sector agrario.


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